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Hijos de Eduardo Sa y Conakry Ca, dos aldeanos de la etnia balanta, Rodis y Rebeca quedaron huérfanos a muy temprana edad. La familia vivía en el pueblo de Biombo, una región de árboles frutales que está cerca del mar en el litoral atlántico de Guinea Bissau.
Rodis nació a inicios de 1997 y Rebeca nació cuatro años después, en el 2001, justamente el mismo año en que su mamá murió. Después de tanta tristeza, el papá de los pequeños comenzó a enfermarse, y pronto quedó imposibilitado para cuidar a sus hijos, por lo que ambos fueron entregados a las ancianas de la aldea como niños de criación , o sea, como ciudadanos de segunda clase.
Pese a su corta edad, los hermanitos tendrían que aportar a la economía doméstica, por lo que Rodis fue asignado para trabajar en un huerto recogiendo fruta sin poder comerla, a no ser, eso sí, a escondidas. Por su parte, y aún sin cumplir los cuatro años, Rebeca comenzó su trabajo recogiendo leña para el fuego. Terminadas las labores, sucios y cansados, los hermanos se sentaban cerca de la baranda donde estaba la comida, y como es la costumbre aquí, debían esperar su turno: el padre de familia come primero, luego la madre, después los hijos de la familia y por último, si sobra, los niños huérfanos. Es de esta forma como esperaban ansiosos los restos de comida, la única del día.
Por la noche dormían encima de cartones y en el tiempo de frío permanecían abrazados hasta el amanecer. De vez en cuando recibían la visita de su padre que les traía alguna cosita de comer, pero tristemente, en enero de 2006, Eduardo murió de una hemorragia anal causada por una hemorroides en estado avanzado. |
Antes de morir, él entregó su vida a Jesucristo y le pidió a su maestro cristiano, el Pastor Joao, que le ayudara a que sus hijos también conocieran la verdad del Evangelio. El Pastor Joao es un valiente obrero guinense que siempre viaja por esos olvidados lugares con la esperanza de que muchos conozcan el amor de Dios por medio de Su hijo Jesús. Como amigo que es de Casa Emanuel, el Pastor nos habló de los dos niños y le dijimos que los trajera.
A pesar de estar en el límite de las posibilidades y además que no son bebés, sino niños casi con la cabeza formada, pensamos que Dios nunca le cierra la puerta a nadie, así que los recibimos. Venían extremadamente flacos, con las ropas viejas y rotas, descalzos y con un fuerte olor a leña quemada. Al principio Rodis se peleaba por la comida, pensando que se iba a quedar sin comer, después comprendió que aquí era diferente, que Dios da para todos medida buena, apretada y abundante . También acostumbraba a darse de golpes por cualquier cosita, al contrario de Rebeca, quien se habituó muy bien desde el principio, aunque lloraba mucho cada vez que Rodis la amenazaba con irse a causa de las peleas que él mismo provocaba.
Pero afortunadamente esos días de acomodo ya pasaron, y ahora Rodis y Rebeca están en la Escuela Comunitaria Emanuel. La chiquitina está en el Jardín de Niños donde aprende a jugar, coger los lápices y diferenciar letras y números, mientras que Rodis está en pre-escolar, preparándose para su primer año de escuela.
Gracias a Dios ellos son niños felices y siempre nos están ayudando cuando, todos juntos, como familia, limpiamos los jardines y recogemos los marañones. |