A la hora de hablar de Gabriel, qué mejor que estas palabras del profeta Isaías para expresar lo que está en mi corazón.
Este pequeño nació en el hospital Simao Mendes hace ya siete años. Cuando él salió de la barriga de su mamá, los médicos notaron que tenía varios defectos congénitos: no tenía sus brazos completos, tan solo parte de sus antebrazos y en uno de ellos, un dedo pequeñito, sin hueso, el que hasta hoy Gabriel continúa chupándose.
También tenía una pierna más grande que la otra, y aunque ésta era de tamaño normal, los médicos decidieron cortarle el fémur, quizás en un intento por "emparejar" las extremidades, no lo sabemos, pero lo cierto es que hasta hoy Gabriel sufre las consecuencias de ese hecho.
Cuando la mamá alcanzó escuchar los comentarios de los galenos respecto a su bebé, diciendo que era un niño "horrible" (entre otros adjetivos que no los diré porque son palabras de maldición), ella pidió a gritos que le llevaran a Gabriel para verlo. Cuando así sucedió, comenzó a gritar porque no lo quería, e incluso pidió que le inyectaran un medicamento para matarlo.
El escándalo en el hospital fue tanto, que una pariente que estaba allí y que trabajaba en la policía, tomó al pequeño y lo llevó al Tribunal de Menores, donde optaron por llevarlo a Casa Emanuel.
Cuando Gabriel llegó a nuestro hogar, él apenas tenía tres o cuatro días de nacido, de eso han pasado ya más de seis años y ahora está en preescolar.
Él lleva una vida normal, con pocas limitaciones, pues juega y corre de allá para acá como cualquiera otra, tiene una fuerza admirable en su piernita más larga, tanta, que para ponerle una inyección cuando está enfermo, es preciso que un hombre adulto lo sujete, pues Gabriel se defiende bravíamente.
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Es asombroso cómo dibuja con su pie, para lo cual utiliza una ayuda técnica hecha en cuero que le facilita sujetar las cosas.
Al igual que los otros niños y niñas, este pequeñito es lindo y está grabado en las palmas del Padre. Dios tiene inscritas en sus manos a cada persona (Isaías 45:16), nada ocurre sin su infinita misericordia, y todo ayuda para sus propósitos divinos.
Más adelante, Gabriel viajará a otro país para someterse a varias cirugías reconstructivas y para recibir las prótesis adecuadas a su estatura. Damos gracias al Señor por permitirnos ser parte de esta obra de amor.
En su clase destaca por el gran carisma que tiene, y además por los alborotos que arma entre sus compañeros. En mi clase (soy profesora de cuarta clase), solo oigo el nombre de Gabriel, quien pasa más en la Dirección que yo, ya imaginarán por qué...


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