| 28 de julio. He cumplido ya medio año de haber salido de Costa Rica rumbo a este país, y créanme, ésta ha sido una bendición invaluable de parte de Dios para mi vida. Hoy más que nunca sé lo grandemente privilegiada que soy por haber sido escogida por El para conocerlo y servirlo en este lugar. Porque sí, mis amados, a través del servicio tenemos la oportunidad de conocer más de nuestro Salvador, de Aquel que vino a la tierra "a servir y no a ser servido".
Y por eso hoy quiero expresarles mi profunda gratitud a todos ustedes, los que han comprometido su corazón con esta obra que es Casa Emanuel, y que al mismo tiempo han sido los canales a través de los cuales el Señor ha hecho realidad esta experiencia en mi vida. Gracias por sus oraciones, por su apoyo, por sus ofrendas. Por todo, gracias infinitas.
Sé que no soy yo quien puede ni debe recompensarlos, sino que el galardón viene para sus vidas directamente de la mano de nuestro Padre, porque ciertamente no soy solamente yo, ni los niños y demás personas que estamos acá, los bendecidos; no, cada uno de ustedes ha hecho la mejor inversión de sus vidas al sembrar en los campos del Labrador Divino.
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Tengan por seguro que recibirán la mejor cosecha, y esa, mis hermanos y hermanas, no es otra sino " la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús ", tal y como lo dijo Pablo en su epístola a los Filipenses.
Nada hay en este mundo ni fuera de él que se compare a este, el mayor y más valioso de los tesoros y por el cual el Apóstol no dudó en decir: " por amor a El lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en El ".
Mis entrañables hermanos, que este también sea el anhelo de cada uno de nuestros corazones, para que desde ahí, desde la posición en que cada uno se encuentra, reciban de lo Alto mucho más abundantemente de lo que han pedido. |